jueves, 25 de octubre de 2012

CABALLO VIEJO de ARISTIDES UREÑA RAMOS

CABALLO VIEJO


de ARISTIDES UREÑA RAMOS

Florencia Italia-1999



      Había una vez, un campesino que quería cambiar su caballo por un potrillo sano, vigoroso y que fuese exuberante, porque su caballo era viejo y ya no le servía para nada.

Le pidió a su sobrino, que cogiera el caballo viejo y se lo llevara bien lejos, que lo abandonara en un remoto lugar, debido a que no lo quería matar, y no se atrevía a pegarle un tiro a la pobre bestia.

Al día siguiente, muy de mañanita, el sobrino coge el caballo viejo y sigue las indicaciones que su tío les había dado, viajando monte adentro por una hora, abandonado el viejo animal en un lejano potrero; apenas cumplido la misión regresa inmediatamente contento y satisfecho a su caserío .

Pero al medio día, el caballo viejo se presento delante a la puerta de entrada del rancho de su patrón, que al verlo se sorprendió, y no se explicaba como había hecho el caballo viejo a regresar a su rancho.

El campesino bravo con su sobrino, lo llama y le da nuevas órdenes, para que se llevara el viejo caballo lo más lejano posible, más lejos del lugar anterior, y que fuese más allá del rio Santa María después del cerro Colorado.

El sobrino - al día siguientes- se levanto temprano, cogió el caballo viejo y siguió las indicaciones de su tío, atravesando el rio Santa María, amarrando el caballo viejo después de haber superando el cerro Colorado, cumpliendo a la letra las indicaciones que su tío les había dado, regresándose inmediatamente al caserío.

En las primeras horas de la tarde, el caballo viejo se apareció de frente a la puerta del rancho de su querido patrón, el cual al ver la vieja bestia, mando a buscar su sobrino y lo regano por su negligencia en cumplir sus órdenes.

El campesino bien enojado, reganando a su sobrino le da nuevas indicaciones, de llevar el caballo viejo bien lejos, y que tenía que pasar el rio Santa María, superar el cerro Colorado, atravesar los llano de los Ruices y de abandonar el viejo caballo bien amarrado allá lejos del caserío.

El sobrino, al día siguiente se levanta temprano cogió el caballo viejo y se encamino a seguir las órdenes que le habían dado su tío, supero el rio Santa María, subió y bajo el cerro Colorado, supero los llanos de Los Ruices y allá muy lejos amarro el caballo viejo y regreso rápidamente a su caserío.

En la tardecita como a las 6 seis de la tarde el caballo viejo se presento a la puerta del rancho de su patrón, y el campesino bien enfurecido mando a llamar inmediatamente a su sobrino, y lo regaña tirándoles tres garrotillazos en las canillas y preguntándole con mucho sospecho, si había cumplido con sus ordenes y con lo que él le había pedido.

El pobre sobrino desesperado le decía que si, que él había seguido al pie de la letra todo lo que le había ordenado; pero, el campesino muy sospechoso de todo estas simulaciones, le ordena que para el día siguiente, tenía que coger el caballo viejo y llevarlo lo más lejos posibles, que no quería mentiras, que las farsas, como también los disimulos eran hijas de Lucifer y que lo iba a llevar donde el cura para que confesaras sus falsedades para desenmascarar tan vil comportamiento.

Así le ordena, de poner mucha atención a lo que le iba a decir, y con voz autoritaria le comanda que cogiera el caballo viejo atravesara el rio Cobre, subir y bajar el cerro Colorado, superar los llanos de Los Ruices, coger el sendero para los Hatillos y cuando llegara al primer cruce voltear y agarrar el primer camino que está a la izquierda…después de una hora de camino encontrara un grande palo de mango y allí tendrá que dejar abandonado el viejo caballo y que de recordarse de amarrarlo muy bien.

Y para tener la certeza que esta vez, no hubiese ninguna incertidumbre, de que todo fuera hecho como él había indicado, mando junto a su sobrino un peón de confianza, para que controlara que todo fuera realizado en esa manera.


Al día siguiente, el sobrino, el peón y el caballo viejo abandonaron el caserío rumbo a su destino.

El sobrino cumplió a modo, todo lo indicado por su tío, además el fiel peón estaba controlando que todo fuera hecho sin trucos y trampa alguna, superando el rio Cobre, subieron y bajaron el cerro Colorado, atravesaron los llanos de Los Ruices, cogieron el sendero para los Hatillos y cuando llegara al primer encruce voltearon y agarrar el primer camino que está a la izquierda…después de una hora de camino encontraron el famoso “grande palo de mango”…y allí amarraron la pobre bestia, teniendo cuidado en hacer un fuerte nudo a la soga….y así se regresan camino al caserío.

Al día siguiente por la mañanita muy temprano, de frente a la casa del campesino se encontraba parado el viejo caballo, había regresado otra vez y nadie sabía cómo había hecho, las pocas familias del caserío estaban asustada, ya que pensaban que ese misterio era obra del demonio y que el caballo viejo estaba embrujado, un clima pesante de temeroso silencio invadió cada rancho del caserío, pero ninguno se atrevía a abrir boca o decir palabra alguna, debido a que el propietario del caballo viejo era un hombre de carácter polémico, de pocas palabras y de litigio fácil.

El silencio del caserío, viene interrumpido por los gritos del campesino, que acabada de descubrir el caballo viejo delante de su rancho, exclamaba locuras contra la pobre bestia, sube a su jorón y agarra su escopeta y con voz chillona comienza a llamar a su sobrino, como también al confiado peón. Y apenas llegan los dos desgraciados, los amenazas de tirarle un tiro, al caballo viejo, al sobrino y al porfiado peón, si no le decían inmediatamente toda la verdad, porque él era hombre verraco y ninguno le podía tomar el pelo.

El sobrino asustado, le juraba y perjuraba que él había hecho todo lo que le habían pedido y que no sabía, como era que el caballo viejo regresaba sin perderse nunca de su ruta…y a su vez el pobre peón muy aterrorizado se puso de rodilla a los pies del campesino y le dice que su sobrino había hecho todo lo que le había pedido, que no mentía, que sus ordenes fueron todas seguidos a pie de letra.

El campesino, punto la escopeta a la cabeza del caballo viejo y con mucha rabia comienza a gritarles groserías, pero no lograba tirar el gatillo, debido a que matar al viejo caballo era como que muriera parte de sí mismo.

Bajando la escopeta y mirando fijo los ojos de su sobrino y del fiado peón, les dice lo siguiente:

- “Ahora agarro yo este maldito caballo viejo, me lo llevo bien lejos, supero el rio Cobre, subo y bajo el cerro Colorado, atravieso los llanos de Los Ruices, cojo el sendero para los Hatillos, llego al primer cruce volteo y agarro el primer camino que está a la izquierda, camino hasta el grande palo de mango, cojo camino a Martincito, pasos por los platanales, bajo a la quebrada de Las lajitas y allá abandono este maldito caballo viejo…ahuevazones que a dos maricones como ustedes dos, no lograron hacer, palabra de hombre con los huevos bien puestos”.-

Y así hizo de una vez, delante de las escondidas miradas que atreves de las empalizadas de los ranchos contemplaban asustados la escena, de las impresionadas ojeadas del sobrino y del fiado peón.

Coge el caballo viejo, encaminándose a paso veloz, por el camino de salida del asustado caserío, desapareciéndose de las curiosas miradas de los aldeanos, tragado por el tupio sendero que llevaba al monte adentro.



Pasaron tres días, el sobrino, como también el fiado peón estaban impaciente porque el campesino, su tío, no regresaba y temiendo que algo le había pasado, así que la preocupación era enorme, por otro lado, los cuchicheos de las pocas vecinos del caserío, sostenía que era el diablo trasformado en caballo que se lo había llevado para el purgatorio, que el viejo caballo estaba poseído de maligno, que eran las almas en penitencias que venían a vengarse del despótico campesino ….la tensión en el pequeño poblado era enorme y en la oscuridad de cada rancho la gente decía desconocidos sermones y antiguos rezos de protección para toda la comunidad.

Como a las seis de la tarde, del día siguiente, aparece el caballo viejo y se para adelante del rancho de su patrón…montado sobre la bestia, estaba el cansado cuerpo del campesino, que encorcovado al pescuezo del viejo caballo, abrazado con grande fuerza para no caer en tierra.

El sobrino y el fiado peón, corren a asistir el cuerpo cansado y exhausto que se encontraba en precario equilibrio, y notan la desesperada mirada del tío, que apenas lo reconoces, se deja andar en manos de su sobrino y de su peón, que lo toman en brazos y lo apoyan en tierra, el sobrino asustado le pregunta a su tío: ¿qué había pasado?, ¿qué cosa había sucedido?- el cuerpo del campesino estaba lleno de sangre y de espina, como quien ha caído en un espinado matorral de rosas- y con los ojos asustados, con la voz quebrada , logra decir lo siguiente:

-“sobrino, me perdí en el camino, me fui muy lejos, así tan lejos que no sabía donde había llegado, y si no fuese por este caballo viejo, que conoce el camino a memoria, yo no regreso a mi casa”_

El campesino a mala pena lograba respirar, del cansancio y del mismo estropeo… pero logra decir sigue diciendo:

-“sobrino, coja este caballo viejo y dele doble ración de maíz, que esta bestia nunca se ira de aquí y no la cambiaré por ningún potrillo de este mundo, la juventud es la fuerza para abrir senderos en los tupidos montes, pero los viejos tienen la experiencia y el conocimiento de los senderos de las impenetrables selvas ”. –


ARISTIDES UREÑA RAMOS

Florencia- Italia 1999



domingo, 5 de agosto de 2012

LA GRINGA, EL CONDON Y "LA ALEANZA PARA EL PROGRESO"

LA GRINGA, EL CONDON Y "LA ALEANZA PARA EL PROGRESO"

Por: ARISTIDES UREÑA RAMOS

Santiago de Veraguas, 10 de Febrero 1979


Santiago de Veraguas


Paseaba por las ardientes calles de Santiago, ensombrerada, sandalias multicolores en pleno veranillo hacia la terminal de buses...ella era gringa, joven, proveniente de una famosa universidad norteamericana... eran los años 1962 y el grande sueño que la habían traído por estos lares, era el gran proyecto de la ALEANZA PARA EL PROGRESO, con el cual el Congreso de los "gringos" pretendía modernizar y catequizar el vasto mundo latinoamericano.

Lata de Aceite para el proyecto de ayuda de La Alenza para el Proyecto.


Fueron las bellas montañas de Calobre, allá en las cordilleras centrales, la que acogieron a la joven gringuita, que trataba de destacarse en sus materias educativas, y el lugar donde sucedió esta graciosa historia que aquí les voy a narrar.

Ciudad de Calobre, enclavado en la cordillera centrales de Panamà.


Dicen que, muchos fueron los trabajos que dentro de la comunidad esta joven realizo, como también muchas las personas que colaboraron con ella, creando una recíproca amistad… y internamente del numeroso grupo había una considerable cantidad de jóvenes campesinos, como también muchos cholitos bajados de la cordillera.



Después de casi cuatros meses de dura labor, en un momento de relax, la joven gringuita le vino la idea de satisfacer sus momentáneas necesidades sexuales, pero poniendo mucha atención en no involucrarse sentimentalmente con el elegido... orientándose en escogerlo buen mozo y físicamente presentable, poniendo mucho cuidado a no crear ningún compromiso con el candidato.


Es así, que llama a un cholito, muy bonito y gracioso, que era muy tímido, de pocas palabras, un buen ejemplo de la belleza masculina del Indio del Panamá profundo. Y lo invita a acostarse esa noche con ella, enseñándole algunas reglas de modernidad, diciéndole lo siguiente:

-"Mira para acostarte conmigo, tienes que protegerte y ponerte este condón, en ningún momento se tienen que romper, ni tiene que quitártelo, porque si te los quitas, me pones encinta". Y la gringuita continúa:

-"¿Comprendiste bien?"-.y el cholito le dice con la cabeza que sí, que había comprendido, pero la gringuita le repite:

"NO te lo puedes quitar, porque si te lo quitas me quedo embarazada”. Y así fue que inicio la espera noche amorosa, entre los dos jóvenes personajes, la bella gringuita y el cholito veragüense.


Se cuenta que al tercer día, de la famosa noche amorosa, en pleno medio día, estaba el cholito trabajando en el monte adentro, sudando y rojo como un tomate, con la cara llena de sufrimiento, llamando a su compañero de trabajo, le dice lo siguiente:

_ "Son tres días, que no orino y que me estoy explotando por dentro, y me voy a quitar este desgraciado condón, no me importa nada, de nada, si esa gringa de porras se queda encinta"-


Y así hizo, quitándose el condón, que con mucho cuidado había protegido, por tres interminable días, pero en su cara se dibujaba una sarcástica sonrisa, por haber jodido, para siempre, al Congreso de los gringos y a la Alianza para el Progreso.


........cuento dedicado, para mis hermanos màs pequeños.

jueves, 31 de mayo de 2012

Tío Tigre y Tío Conejo, Aristides Ureña Ramos

“La cantera de Los Robles”
-Tío Tigre y Tío Conejo-

Por: Aristides Ureña Ramos
Florencia 1984


Dicen que el calor era tan sofocante, que las piedras fumaban humo y las cigarras chillaban endemoniadas por el calor...y desde lejos se veía a el Tío Tigre que bajaba de los poderíos Coclesanos, puntando hacia Divisa... Acercándose a la carretera interamericana para poder caminar a sus orillas ya que iba rumbo a Santiago de Veraguas.

En la cantera de piedra, entre Divisa y El Roble a las dos de la tarde, se encontraba Tío Conejo tirado sobre una laja de piedra tomando el sol con grandes gafas Ray Ban, una toallita en el pescuezo, una bolsa de hielo y dentro una botella de soda, un vasito de plástico blanco y una radio encendida a todo volumen que tocaba una pieza de Yin Carrizo.

El Tío Tigre siente dentro de sí que delante de él se presentaba una irrepetible ocasión: capturar al distraído conejo…y es así que dé un salto se lanza sobre el conejo que logra esquivarlo comenzando una cruenta batalla entre ellos dos, era tan violenta la batalla, que apenas se lograba ver lo que sucedía ya que se había alzado una cortina de polvo que hacía imposible observar la escena…no se sabe cómo el conejo se aprovechó de esta confusión para subir a una especie de colina de piedra sin salida ya que estaba limitada por un farallón a manera de precipicio.
Esa pequeña colina tenía dos senderos de salidas o entradas… y en el medio una gran muralla de piedra, es así que el Tío Tigre comprendiendo que no podía continuar con su caza debido a que si subia por un lado el conejo bajaba por el otro lado...y decidió –inteligentemente- esperar que fuese el conejo a bajar y quedarse esperando al inicio de los dos senderos de piedra.

Allí en el cruce, el tigre pensaba, que solo le quedaba esperar con mucha paciencia, que al conejo le llegara el hambre, la sed y el cansancio…y así, parado en el medio del camino, comienzan a pasar las horas, llenando un silencio extraño ya que las cigarras habían dejado de cantar.

Tío Tigre pensaba y pensaba, como era posible que Tía Coneja, haya parido un conejo tan vagabundo, delincuente, que con tanto sacrificio había mandado a estudiar en la universidad de la capital, perdiendo tiempo en boberías de política...y se la pasaba hablando tonterías y metiéndoles cosas falsas en la cabeza a la pobre gente allá en las comarcas indígenas.
Y cómo era posible que hasta el sueldo de MAESTRO le pasada el gobierno nacional…a ese flojo, parlanchín, descarado y borracho de Tío Conejo.

De repente se oye a Tío Conejo que comienza gritar:
-“Che, che, che vaca vieja del diablo…che, che, che toro desgraciado”.


Tío Tigre que era el ganadero más rico de Panamá, se le pararon las orejas y comenzó a pensar...jooo no me diga que ese vagabundo de Tío Conejo, se ha encontrado algunos ganados sueltos allá arriba...y sus pensamientos fueron interrumpidos por los gritos del conejo:

-“Oiga Tío Tigre, que suerte la mía, 3 vacas y un toro bien encebados, me he encontrado acá arriba”- .

El Tío Tigre como era avaro y no le bastaba nunca lo que tenía, le pregunta:

-“¿y están marcados?”.-

Tío Conejo le responde:
-“No, no están marcado, pero le propongo un negocio, yo le doy las 4 reces y usted me deja libre, en libertad”.

El tigre sabía, que el Tío Conejo además de flojo, vagabundo y parlanchín, tenía que tener cuidado en los acuerdos ya que trataba siempre de sacar la mejor ventaja de la situación...y piensa lo siguiente:

---Le digo que me mande primero las 4 reces, una vez estén en mi poder, le digo al conejo que baje y lo capturo, así me quedo con el toro, las 3 vacas y para la cena me como al maldito conejo comunista.---


Así le contestó al conejo:

-“Si está bien, pero mándame primero el ganado y después bajas tu”.

El Tío Conejo ya se había puesto en acción y había recogido 4 grandes rocas del tamaño de una persona y comienza a empujarlas hacia la bajada del sendero gritando lo siguiente:

-“Tío Tigre, Tío Tigre, póngase en el medio del camino para que no se escape el ganado, y aliste la soga con el lazo que le mando las 4 reces”.

A Tío Tigre hasta que le brillaban los ojos de alegría, ya que además de ser el mejor ganadero de Panamá, era el campeón en carga de lazo de toda la nación...se puso en el centro del camino a esperar a que le llegaran las bestias--porque el coraje era lo menos que le faltaba--y Tío Conejo comienza a gritar empujando las piedras con toda sus fuerza a la orilla del sendero:

-“ Che, che, che, vaca vieja del diablo, che, che, che….ataja, ataja, ataja...allí le llegan Tío Tigre, ataja agarre sus reces”...empujando las 4 rocas.

Y Tío Tigre mira arriba del sendero y abriendo el lazo al viento, comienza a girarlo entorno a él... y ve un polvorín que baja velozmente y se siente envestido por una avalancha de enormes piedras que lo estaban sepultando en el medio del mismo camino.

ARISTIDES UREÑA RAMOS
(Florencia 1984)

jueves, 27 de octubre de 2011

EL ROJO DIGNO DE MI BANDERA - ARISTIDES UREÑA RAMOS

EL ROJO DIGNO DE MI BANDERA

 PANAMEÑA
de Aristides Ureña Ramos


El clima que se respiraba en la capital del Departamento de Panamá era de tensiones escondidas y ansias sociales preocupantes... los cerrados aguaceros octubrinos azotaban las calurosas tardes sobre los techos de las antiguas casonas de las aristocráticas familias... todo esto alrededor de la plaza de la Catedral... se daba el cuchicheo a lo interno de estas casas, donde murmuraban sobre las estrategias separatistas, reuniones clandestinas y pactos por la eminente ruptura con el gobierno central de Colombia... allá, en las oscuras salas de aristocráticas y patrióticas familias se tejía la trama de la nueva Patria... dejándonos memoria escrita, testificaciones de tal hazaña, porque la historia es de quien la escribe... y el “patriotismo heróico” pertenece a aquellos que en silencios dignos, lejos de la crónica, lejos del legado histórico, contribuyeron con su sacrificio a la creación de las bases sólidas de una gran nación.



 La camisa blanca del negro Porfirio se había transformado a una de rojo penetrante, debido a la gran cantidad de sangre que su cuerpo perdía... pero, él seguía corriendo velozmente, pese a las pocas energías que su débil cuerpo le permitía, atraviesa la plaza central y salta el muro que separa la calle del antiguo patio de la señoril casona, que hacía esquina con la Catedral.



El negro Porfirio provenía del departamento colombiano del Chocó, llegado muy de niño a Panamá, al servicio de una familia plebeya ocupada en la burocracia gubernamental colombiana... desde joven cultivaba el ideal liberal sobre el respeto a la dignidad de las personas, de igualdad, más allá del color de su piel, por eso participaba activamente como mensajero clandestino en las filas del movimiento separatista... desplazamientos que eran realizados a altas horas de la noche.



--“Mi patria es aquí, donde me encuentro en este momento”... era el pensamiento continuo que llevaba esculpido en la memoria el negro Porfirio, porque era la única herencia dejada por su abuelo... por esto él participaba activamente, pues, su batalla aquí en Panamá abría la oportunidad de la creación de una Patria libre, donde la convivencia entre negros, blancos, indígenas y demás razas fuera de igual dignidad, orgullo y patrimonio de una nueva nación; además la realización del gran sueño de los desarraigados de este mundo... una tierra donde sembrar raíces y construir un futuro de bienestar colectivo.



El negro Porfirio fue herido de bala en un enfrentamiento con una ronda nocturna, debido a que no obedeció la orden de “alto”, vigente en la temerosa Panamá.



Fue así que la negra Zaida -su esposa- se empeñó durante toda la madrugada en detener el torrente de sangre que brotaba de las heridas del moribundo.



Pero la situación se agravaba, porque el herido necesitaba atención médica urgente... la familia no contaba con el dinero necesario para pagar un cirujano y el silencio cómplice de este doctor, porque había que mantener discreción absoluta, pues el descubrimiento de tal episodio y el lugar en donde se encontraba clandestinamente el negro Porfirio podría poner en peligro a muchas familias.



Al día siguiente, domingo de fines de octubre de 1903, el sol brillaba esa mañana, haciendo resplandecer las piedras ocres de la Catedral y el piso del quiosquito en el centro del parque, con los azules, los amarillos y negros colores de los mosaicos, lucían las caprichosas decoraciones que imitaban las porcelanas españolas... la pequeña banda, compuesta de criollos negros, se aprestaba a iniciar la retreta y un joven director, el único de tez blanca, procedente de la Madre Patria, lucía su bella casaca militar.



Fue él quien enseñó la música culta a los miembros de este particular quinteto, que para este momento se exhibía siendo el director de la banda militar del batallón Ecuador de Panamá, ellos estaban convencido de que ejecutar una retreta en el parque central servía para calmar los ánimos y enmascarar las actividades revolucionarias, con una falsa quietud capitalina... el joven director era Santos Jorge Amátrian.



La negra Zaida había aprendido a tocar violín gracias a Santos Jorges, siendo ella una importante figura del quinteto y al parecer lo hacía magistralmente, pero en ese momento su preocupación por la peligrosa situación perturbaba su mente... su esposo, el negro Porfirio, estaba muriendo acribillado por balas traicioneras y ella tenía que cumplir compromisos con su banda musical, sin dinero, sin ayuda o solución alguna... encontrándose allí, en el quiosco, para tocar la retreta, ese domingo de octubre, frente a la Catedral.


La negra Zaida se había traído dentro de la custodia del violín la camisa ensangrentada de su esposo, porque tenía que deshacerse de ella lejos de los parajes de su casa... y así, bajo este clima de tensión, iniciaron a tocar los pasillos y valzers criollos, previamente preparados para tal ocasión.


Fue Zaida a pedirle al director tocar una pieza musical, se trataba de un pasillo criollo, compuesto por ella y arreglado por el joven director, que mucho gustaba a su marido... “Pasillo brisas de la REINA chomba del mar” y así fue concedido.




Zaida comenzó a tocar las penosas notas tristes y melancólicas del elegante pasillo en su violín... y los presentes, hipnotizados de tan bella música, se abandonan, sorprendidos del mimar rítmico del violín y de la ondulante figura... y Zaida, extasiada, de imprevisto entra en un trance sensorial... y sueña a ojos abierto, delante de su público... ella se balancea y sube, sube, sube acompañada de cada nota musical... hasta llegar a la presencia de una NEGRA CHOMBONA de cabello cuscú, que le sonreía, con su gran boca, llena de blancos dientes... era tan bella la sensación de tal materna presencia que, con los ojos humedecidos, no lograba distinguir tan bella y luminosa encarnación... y la gran MADRE CHOMBA se le acercó y le susurró en el oído:



--“Sé de tu problema, que tendrá solución... en la custodia de tu violín intercambié la sangrienta camisa de Porfirio y te dejé 10 yardas de lanilla roja, manda tu hijo a venderla y recogerás el dinero para cubrir tus necesidades...”---


Era tan dulce el tono de la voz, que Zaida apretaba con dulzura el violín desde el pecho a su mentón... y dulcemente regresa a la realidad, terminando el pasillo, bajo agotadores suspiros... eso provocó un conmovedor aplauso del público presente, impresionado de tal bella ejecución musical... y así con la retirada del complacido público terminó el conciertito de la retreta de la Plaza de la Catedral.



Zaida llama a su hijo menor y mira dentro de la custodia del violín... y en efecto, allí se encontraba ordenadamente acomodada la lanilla roja... y así dio la orden a su hijo de ir a venderla a las prósperas tiendas de aquellos hebreos y rabiblancos de la capital... y así fue hecho, apenas en posesión del dinero, la negra Zaida corrió en busca de un médico cirujano, al cual tenía que pagar sus oficios y su silencio.



Pero, por justicia divina y voluntad de casualidades históricas... la lanilla roja fue comprada por el Almacén Villa de París, el cual la vendió a la noble señora María Ossa de Amador para la confección del cuartel rojo de la Bandera Nacional.



... mi bandera panameña lleva el rojo digno de la gente humilde, de aquellos que en silencio luchan por realizar un sueño. Mi bandera panameña lleva un rojo de dignidad de trabajadores, intelectuales, estudiantes, comerciantes, de gente común que construye día a día un porvenir de justicia y libertad.



ARISTIDES UREÑA RAMOS
"DESDE MI PANAMA PROFUNDO"



martes, 25 de octubre de 2011

Tío Burro y la Tarima Electoral ARISTIDES UREÑA RAMOS

Tío Burro y la Tarima Electoral
- I° Parte -
de Aristides Ureña Ramos


LA PLACITA San Juan de Dios de Santiago



Se respiraba un aire sereno, bajo la llovizna, en esa madrugada de campaña electoral, la Placita de Santiago bañada de bandera y papeletas con las fotos de los candidatos que se disputaban el triunfo electoral.

En el centro de la placita, al lado de la terraza central, una vieja tarima cubierta de mojadas banderas, mientras un adormecido burro, adornado con empapadas guirnaldas tricolores masticaba lentamente su indigerible comida.

La tarima que habían montado contaba con tubos y maderas recicladas de antiguas tarimas, por eso a un atento mirar, parecía vieja y mal presentada… a su vez, el empapado burro, pese a la llovizna, exponía toda su joven musculatura, pues, había sido atentamente seleccionado para ser presentado a los votantes.



(Florencia, Italia, 3 de Noviembre de un casado dia. El cuento de Tio Burro y La Tarima).

    La Tarima comienza a toser, en el intento de llamar la atención de Tío Burro, el cual viendo la insistencia de la Tarima, con voz ronca y profunda le dice:

---“A ver, ¿qué pasa, qué te sucede?”,--- y la Tarima le responde:

--- “Oiga, es que estoy cansada de todo este trajín... cada uno me viste como quiere, de amarillo y morado, de blanco y verde, de azul y rojo... de todos los colores de este mundo me han vestido... y es que estoy cansada de que me disfracen, de oír las mismas promesas electorales que estos señores hacen cada vez que llega una campaña electoral”.---

El Tío Burro escucha en silencio y sigue masticando, sin responder… pasa algunos minutos y la Tarima, que poseía una voz chillona de niño ñañecho continua:

---“Bueno, y de pueblo en pueblo me montan y me desmonta, y los hijos de los hijos de los mismos políticos, con las mismas promesas, con los mismos discursos electorales, se hacen votar de este ciego pueblo... qué vaina, ¿no?”.---

El Tío Burro no responde y continua en su indiferencia total, la Tarima continua:

- “Pero, Usted no se la pasa mejor que yo... porque la figura de ridículo que Usted hace, montado por sus jóvenes candidatos, no es que sea bonita cosa de mirar”.-

Y el Tío Burro la mira y con voz ronca de locutor de radio, le responde:

- “Mire, es que Usted ya está superado, ya la gente no le da la confianza a la vieja política, mentirosa y atrasada… aunque sí le digo, y le confieso honestamente, que me siento ridículo cuando veo a mi patrón, vestido en camisilla, con sombrero pinta'ó, gente que nunca ha vivido los problemas de la gente humilde y solo para estos momentos se disfrazan de gente común, de eso sí me avergüenzo”.-

Y la Tarima le responde:

- “¿Atrasada yo?.. No, compadre, nosotros seremos atrasados, pero al menos tenemos la dignidad de no jugar con los sentimientos de los humildes”-.

El Tío Burro comienza a tirar una carcajada y ataca:

- “Bueno si Ustedes han controlado por años y años este país y se han enriquecido bajo la protección de los políticos cómplices de vuestras porquerías”. -

La Tarima vista la agresión a cual estaba llamada, dice:

- “Pero, hemos hecho muchas cosas buenas en este país, con dinero proprio y en vez Usted... ¿de dónde viene tanto dinero, de dónde sale tanto dinero?.. Se lo digo yo de dónde… de la droga, del tráfico de esa porquería... y eso es indigno”. -

El Tío Burro se pone bravo y se lanza gritando lo siguiente:

- “Son Ustedes los que están ligados al tráfico y lavado de dineros, a través de vuestros bancos, y eso es la pura verdad... Son Ustedes los que han creado la narcopolítica en este país....”.

La Tarima, viendo que perdía puntos, se pone a reflexionar, y un silencio invade la plaza... y después de una meditada pausa dice con una pícara sonrisa:

-“Bueno, compa, en eso parece que somos igualitos, como mamón boboré”

y la placita se inunda de las carcajadas de los dos adversarios, que en lágrimas de complacido entendimiento, no terminaban de reír.



Y fue así que llegó la mañanita y con ella los carpinteros que desmontaron la tarima, cargándola sobre un camión, y, junto a los tubos y tablas, subieron al pobre burro, listo para irse para otra ciudad… a lo lejos se veía el camión alejarse de la placita y en la solitaria Avenida Central se oía en la lejanía la discusión que continuaba..

Tío Burro que le gritaba a la Tarima:

-“¡¿En qué parte del mundo tú has visto que la industria más floreciente del país sea la Presidencia de la República?!”-

y la Tarima, con voz de niño ñañeco, le respondía:

- “Eso sucede porque burros como tú alcahuetean ciertas situaciones”-.

Y entre gritos y respuesta se alejan de la ciudad. Los carpinteros que se habían quedado con la boca abierta debajo la llovizna, mirando la escena del camioncito que abandonaba la ciudad de Santiago, sobre todo al ver y oír al Tío Burro con la Tarima que discutían... uno de ellos grita a sus compañeros de fatiga:

- “Oigan, estoy soñando o me he vuelto loco, cada vez que llega la campaña electoral en este país suceden cosas raras, solo falta que nos traigan a Trespatines como candidato”.-

ARISTIDES UREÑA RAMOS
-un tres de noviembre lejos de mi pais-

ESTA ES UNA SERIE DE TRES CUENTO, DEL "TIO BURRO Y LA TARIMA ELECTORAL"

sábado, 15 de octubre de 2011

“LAS MANDAS PÍCARAS” ARISTIDES UREÑA RAMOS

MI PADRE JESÚS NAZARENO Y LAS MANDAS

“LAS MANDAS PÍCARAS”

de ARISTIDES UREÑA RAMOS -1984


 (foto cortesia de Foto 2mil)

Era muy temprano y los primeros rayos de luz iluminaban la Catedral de Santiago. Arrodillados frente al altar mayor se encontraban Jacinto y Pablo, dos personajes bien conocidos dentro de la comunidad santiagueña, que gozaban de la fama de haraganes y flojos.
Ellos cada año, para el periodo de las MANDAS a nuestro señor Padre Jesús Nazareno de Atalaya, se ingeniaban para encontrar soluciones que le facilitaran el cumplimiento de tales empeños.

. Fueron tan bochornosas sus empresas que sus hazañas eran conocidas como LAS MANDAS PÍCARAS, como también era fuerte la reprobación por parte de la Curia y de la gente de buena Fè, debido a que criticaban la facilidad, con la cuales estos dos sujetos agradecían los milagros recibidos.

Lo excepcional de todas estas historias, era que estos dos haraganes, recibían cada años, las ayudas pedidas a nuestro señor Padre Jesús Nazareno de Atalaya, como si ellos dos tuvieran una línea directa con el Santo, que no dejaba de concederles siempre el milagro pedido a cambio de promesas de penosas y dolorosas mandas, nunca cumplidas a deber adquirido, irritando a todo el pueblo santiagueño.

Y cada vez que llegaba, el periodo de restitución del milagro recibido- através de las MANDAS- en el pueblo se comenzaban a narrar los cuentos de estos dos haraganes, que con mucha rabia aquí les voy a contar:





“LA MANDA DE LOS POROTOS CHIRICANOS”



Cuentan que Jacinto y Pablo pidieron a nuestro señor Padre Jesús Nazareno de Atalaya que le diera una ayuda para conseguir un trabajo que fuera SEGURO, FIJO Y BIEN RETRIBUIDO, pero que no fuera de mucha fatiga, que se trabajara poco y sin tanto empeño, ni dolor de cabeza.

Y por tres domingos consecutivos Jacinto y Pablo asistieron a las misas de 6:00 y de 9: 00 de la mañana, como también a la de las 7:00 de la noche, en la Iglesia de Atalaya, rezando con mucha devoción y gran concentración mental.

Y como agradecimiento al Divino y por intercepción, supuesta, de nuestro señor Padre Jesús Nazareno de Atalaya, el milagro se cumplió.

Dicen, que los dos haraganes fueron llamados por el Presidente de uno de los partidos políticos que había ganado las elecciones presidenciales, para nombrarlos inmediatamente con los cargos de TÉCNICO AMBIENTAL PARA EL ASEO DE LAS PLAYAS DE SANTIAGO, y el otro como: FUNCIONARIO ENCARGADO DEL CENSO PATRONAL DE LOS CANGUROS VERAGUENSES, con un sueldo de B/ 3.500 balboas y 500 balboas de viáticos cada uno.


Milagro este que puso muy contentos y felices a los dos haraganes, ya que en Santiago no existen playas, ni muchos menos Canguros veragüenses.


Pero si como en las cosas Divinas no hay que poner boca, ya que “leche es leche” y los demás, cuando nacemos “si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos” si culpa del Señor, y el poder tener todavía aliento para seguir echando este cuento, es por gracia divina, continuamos bravo en la narración de los acontecimientos.

Los dos flojos -en cambio- como agradecimiento al milagro, habían prometido una DURA MANDA, que consistía, en que irían caminando desde la Catedral de Santiago hasta la Iglesia de Atalaya, colocando dentro de los zapatos, una libra de porotos chiricanos, como sacrificio de agradecimiento por el milagro recibido.

Y fue así que llegó la semana de las celebraciones de las Mandas al Cristo Milagroso de Atalaya.

Los dos flojos se presentaron de mañanita temprana con una libra de porotos chiricanos cada uno y las acomodaron poco a poco dentro de los zapatos, calzándolos con gran dificultad, salieron de la Catedral de Santiago camino a la Florecita.

Habían llegado- con mucha dificultad- a la placita San Juan de Dios, que los haraganes se tiraron por el suelo, llorando y berreando del dolor, desamarrándose los zapatos y deshaciéndose de la tortura que le procuraban los porotos chiricanos.

Y así por cincos días, se repitió la misma escena, con llantos de dolor y gritos de compasión que los dos haraganes, como comedia del Purgatorio, recitaban todas las mañanas en la placita del pueblo.

Y para sorpresa de toda la comunidad, el sexto día -JACINTO Y PABLO- caminaron toda la manda, desde la Catedral de Santiago, hasta la Iglesia de Atalaya, cumpliendo con su misión.


El Obispo, que se encontraba, asistiendo a los peregrinos fuera de la Iglesia de Atalaya, al ver la hazaña cumplida por los dos haraganes, se acerca a ellos, para felicitarles y tratar de comprender como habían hecho para soportar tanto dolor, preguntándoles con mucha curiosidad, insiste afectuosamente en que le contaran, el grande sacrificio sostenido de la férrea Fe en cumplir la Manda…espera respuesta de los dos alegres y sonrientes buenos cristianos.
Respondió Jacinto, que era el más elocuente, diciéndole con una grande sonrisa al Obispo:
--“ Mire Eminencia, en nuestra promesa, nosotros prometimos caminar con una libra de porotos chiricanos dentro de los zapatos. Y, nunca dijimos como iban a estar los porotos, pues los hemos hervido hasta que quedaran bien blanditos y los pusimos dentro de los zapatos y así cumplimos con la manda a nuestro señor Padre Jesús Nazareno de Atalaya”--.
Dicen que el Obispo se desmayo de un sólo golpe y se fue recuperado en el hospital por tres meses y que para que se recuperara emotivamente, lo tuvieron que mandar dos meses a Roma para que regresara otra vez, a seguir con mucha amor a sus queridos parroquianos santiagueños.

ARISTIDES UREÑA RAMOS - Florencia/ Santiago 1984.



LA SERIE  de "LAS MANDAS PICARAS" cuenta con 6 CUENTOS..este es el Primero. 

martes, 23 de febrero de 2010

El cuento del pacto con el Diablo y los pajaritos manzanillos

De: ARISTIDES UREÑA RAMOS
Florencia, 1983
A mi Madre, quien me enseñó a rezar...

El Jobo, árbol con forma de barril.

La Cruz de los Reyes era un encruce con pocas casas, que quedaba a mitad de camino rumbo a La Colorada, siendo este el cruce que llevaba al caserío de La Valdez. La historia que les contaré tuvo como escenario este lugar, como también los personajes habitantes de esa pequeña localidad.

Como bien recordarán los viajeros andantes por esos lares, en tal encruce se encontraba una casa de madera con zócalo de ladrillo y bien entejada; el color de la casa celeste añil y su propietario, don Pino Cornejo Reyes, era hombre taciturno, tan esquivo que parecía escorbútico, vestido siempre en caqui y en su cabeza un sombrero bien apretado. Se cuenta que don Pino nunca tuvo esposa, pero las malas lenguas de los moradores santiagueños decían que algo de extraño escondía dentro de su vida, un supuesto PACTO CON EL DIABLO hecho por su padre, muchos años atrás.

La verdad era que don Pino asistía a su pobre padre que, inválido, incapaz de entender y querer, continuaba su vida en espera de la llamada final. Aunque sí la demencia del pobre hombre, en vez de acabarlo, parecía que lo fortalecía cada día más y más.

Me encontré por una extraña casualidad con don Pino, pues acompañaba a mi abuelo Samuel en ocasión de una compra de propiedad, porque al parecer don Pino dejaba la casa para irse a vivir por los lados muy adentro de un caserío del distrito de Río de Jesús... y siendo don Pino muy amigo de mis abuelos, por haber servido para dar fe de las escrituras y demás actos oficiales necesarios a la familia, siendo que ejerció como escribano personal en el pasado. Ese fuerte lazo de alegamen entre las dos familia, me brindó la oportunidad de entrar en intimidad con las cosas de la familia Cornejo Reyes.

Al llegar a la gran casa de madera de don Pino, no pasaba desapercibida la gran cantidad de jaulas de birulí (carrizo de caña) colgadas en una parte del costado del portal y el gran gorgorear de los pájaros que en ellas se encontraban. Un fuerte aroma a guineo manzano inundaba el aire y en la gran hamaca que atravesaba el portal, se iluminaba la cara pálida de un anciano, con los ojos penetrantes, que interrogaban el vacío con severa mirada, de quien nunca ha recibido órdenes y al comando ha sido predestinado... era Jacinto Cornejo, padre de don Pino.

La estatura de don Jacinto, en su gran hamaca, no deja de impresionarme, su silueta de hombre salido de un armario antiguo, era como un retrato de algún terrateniente de los departamentos colombianos del siglo pasado.

Noto que los pájaros comienzan a cantar a la orden impartida por él, y el viejo anciano silva más fuerte que los mismos pájaros, que, imitando las variantes canoras del silbido producido, parecieran enloquecer dentro de sus jaulas, es aquí donde talvez debido a mi imprudente intromisión don Pino para sacarme del embarazo me dice:

---“Mi papá hace así desde hace muchos años. Todas las noches se la pasa silbando, él ha intercambiado la noche por el día”---.

Con estas palabras se acerca a su padre, creando una barrera de protección entre su padre y mi persona, aunque sí alejado de la hamaca.
Yo no pierdo la ocasión y, para salir del asombro, me dirijo al pobre anciano, don Jacinto, diciéndole:

---“Sí, pero sus melodías cuando silba son muy bonitas. ¿Qué tipo de pájaros son?”---.

Don Jacinto no me mira, ignorándome completamente y continua silbando aún con más fuerza... y es su hijo, don Pino, manteniéndome alejado, haciendo muro protectivo con su cuerpo, quien me responde:

---“Mi padre no habla desde hace muchísimos años, solo silba, duerme pocas horas en el día y la noche se la pasa silbando, junto a sus pájaros manzanillos”---.

Bueno, comprendí que el anciano padre tenía problemas de demencia y que la forma de llamar a los pájaros: MANZANILLOS, talvez era porque comían guineos manzanos y que por eso se sentía ese profundo olor de guineo por toda la casa... Me llené de valor y me lancé con otras pregunta:

---“¡Ah!, qué bien... ¿Son pájaros manzanillos, porque ellos comen guineos manzanos?---.

Y don Pino, con la cara seria, me dijo:

---“No, ellos sí comen guineos manzanos, pero no se llaman manzanillos por este motivo. Estos pájaros pertenecen a una especie muy rara, domesticados por esclavos africanos llegados a Panamá, difíciles de cazar y cuentan con la particularidad de defendernos y espantar las cosas malas”---.

Con esta respuesta, don Pino no deja otra oportunidad que el quedarme callado, porque la atmósfera que se había creado no permitía imprudencia alguna... Además, mi abuelo Samuel, que hasta ese momento, aparte de los iniciales saludos de rutina, no decía palabra alguna, me da una señal de retirada, y nos dirigimos al interior de la casa donde una rústica sala, al centro una mesa llena de papeles, esperaban nuestra llegada.

No sé cuánto tiempo pasó. Don Pino y mi abuelo Samuel hablaban y hablaban a voz baja y escribían algunas cosas a mano libre sobre los papeles y después los leían en voz alta... yo no lograba comprender nada de lo que decían, porque desde mi silla solo lograba ver el viejo Jacinto acostado en su hamaca, que silbaba delirantemente y los pájaros manzanillos que lo seguían enloquecidos de furor. Fue allí sumergido en mis pensamientos que me pude percatar de que debajo de la hamaca del anciano Jacinto había un perro echado sobre su costado, pero no se movía, parecía estar muerto, inmóvil en el piso.

En honor a la verdad, la única razón por la cual me encontraba allí era porque mi abuelo Samuel me había llevado con él, porque quería que yo viera al hombre más berraco del mundo, que quiso hacer UN PACTO con el Diablo y que fuese don Pino quien narrara en propia voz toda esa historia que él vivió, por eso mi abuelo solo me pidió a cambio de esta visita que yo guardara prudencia absoluta de estos hechos.

Pasa mucho tiempo y yo sentado en la silla, absorto en mis pensamientos, soy llamado en causa por don Pino, que me pregunta con voz autoritaria:

---“Tú, mijito..., ¿quieres saber el cuento del PACTO CON EL DIABLO?”---.

Me tomó de sorpresa y, con mucho temor, le respondí que sí, que quería saber de esa historia, si él me lo permitía.

Don Pino se acercó a mí y me abrazó por el cuello, con gesto paternal, me indujo a levantarme y acompañarlo al portal…, fue allí donde me vino el coraje y le pregunté:

---"Ese perro, ¿está muerto o está vivo?”---.

Y mi abuelo Samuel, con gran carcajada, me responde:

---¿Quién, Judas?---.

Y don Pino rápidamente, casi cubriendo la voz de mi abuelo, dice:

---"Judas es igual a mi padre, duerme de día y de noche está en guardia. No ladra desde hace muchos años y seguramente morirá solo el día que acompañará a mi papá”---.

Ya lejos de la casa, en el patio, don Pino nos invita a sentarnos en los taburetes colocados bajo un gran árbol de agualpan, mi abuelo Samuel puso dos vasos y sirvió el aguardiente fuerte, como el tizón de carbón ardiente. En menos de lo que uno piense, tiempo de tres escupidas en el suelo, la botella estaba a mitad. Mi abuelo Samuel celebraba siempre la entrada de la Semana Santa con algunos tragos y estábamos por entrar en estas festividades.

Don Pino comienza a narrar el cuento, con gran reserva, y lo que me dijo fue lo siguiente:

"El cuento del pacto con el Diablo y los pajaritos manzanillos".

Dicen que por los lados del caserío Los Valdez, y por todo el monte adentro, para Semana Santa bajaba un señor, muy guapo, hombre cabal y viril... de gran estatura, señoril, que sabía usar el machete muy bien... para tumbar monte y aplanar pleitos.

De él se decía que venía a cobrar deuda, porque era poseedor de mucho terreno valioso por los ríos que habían dentro del mismo, y de una gran cantidad de ganado de ceba... y que era inmensamente rico, muchos lo creyeron millonario.

A esta buena fama, se unían algunos bochinches sobre que toda esta fortuna venía de un “Pacto hecho con el Diablo” y que bajaba por estos lares para el periodo de Semana Santa a buscar discípulos para Lucifer. Y lo raro de todo esto es que ninguno osaba pronunciar su nombre, pues, lo llamaban por su sobrenombre: “EL CACHIMBÓN”.

Jacinto Cornejo (Mi padre), para ese entonces era un jovencito y trabajaba desde niño con la familia Reyes, que vivía en LA CRUZ DE LOS REYES.

Se decía de la familia Reyes que era de procedencia española, llegada en antaño a esta región. De hecho fueron tres los ibéricos llegados, provenientes de la misma región, PAMPLONA; uno se quedó en los caseríos de La Valdéz; otro, en el encruce; y el otro, a mitad de camino del cementerio al cruce. Pero no fue sino PLINIO REYES (mi abuelo) quien hizo mucha fortuna y construyó casa en el encruce, cuando llegó desde España ya contaba con cierta edad y se casó con una ñopa santiagueña, con quien solo tuvo dos hijos, un varón, Ignacio, y Amalia. El varón murió de fiebre a los 10 años, y AMALIA, la única hija, fue dada en matrimonio a Jacinto Cornejo, de la cual nací yo, que llevo el mismo nombre de mi abuelo.

Mi abuelo murió y dejó a su hija -mi madre- y toda su modesta fortuna a Jacinto Cornejo, mi padre, que condujo, pese a su joven edad, muy bien la herencia de la familia.

Pero, talvez por el carácter atravesado, autoritario, y el vicio de la chinguiadera, muy radicalizado en mi padre, fue que se topó con EL CACHIMBÓN... y quién sabe por cuál encanto del maligno desafió al malvado hombre. Y según cuenta la gente, fue mi padre a pedirle a este malvado hombre organizar el encuentro con el Diablo, de prodigarse lo más rápido posible para que Lucifer lo recibiera, porque tenía que proponerle un pacto muy berraco, entre hombres que no andaban con pendejadas... lo que se cuenta de este honorable encuentro es lo siguiente.

Se presentó muy de mañanita EL CACHIMBÓN a La Cruz de los Reyes para hablar con mi padre... y le preguntó si verdaderamente quería hacer este encuentro con LUCIFER, y que solo los hombres con los “cojones bien puestos” se atrevían a tal encuentro... y que si él, Jacinto Cornejo, tenía LOS COJONES BIEN AMARRADOS, COMO SOLO LOS VERDADEROS HOMBRES LOS TIENEN... a esa pregunta, mi padre, hombre arrecho y autoritario, no se echó para atrás, con voz firme al desafío respondió:

---“Mis cojones están en el sitio que solo pocos hombres poseen. Duros como corozos rayados y bien amarrados en el lugar que le merecen a un verdadero hombre veragüense”---.

A lo que EL CACHIMBÓN rápidamente le pregunta:

---“¿Y quieres encontrar al DEMONIO para hacer el Pacto con él?”---.

Y Jacinto responde:

---“Déjese de pendejada y de tantas preguntas… lléveme ya, ahora mismo, para firmar esa vaina con el Demonio en persona”---.

Jacinto estaba convencido de su imprudente decisión, fue así que El CHACHIMBÓN, visto el resultado con la fácil presa caída en su red, con mucha serenidad, comienza a explicarle los pasos que había que seguir, porque en juego estaban el alma de Jacinto y todas sus riquezas. Y fue así que comienza a explicarle a mi padre lo que tenía que hacer, porque las cosas que tendría que hacer tenían que ser llevadas al pie de la letra, sin ningún equívoco... es así que le da las siguientes instrucciones:

---“Tú tendrás que pasar cuatros noches durmiendo solito, sin ninguna compañía, encaramado en un árbol de JOBO, te treparás a él apenas comience la oscuridad y bajarás al primer canto de gallo. No podrás bajar por nada del mundo, pase lo que pase y lo más importante es que iniciarás el Martes Santo, porque el Viernes Santo en la noche te encontrarás con el Diablo, que se presentará para firmar el PACTO contigo... ¿Entendiste todo?"---.

Jacinto responde:

---“Sí, entendí..., pero ¿el palo de Jobo, lo escojo yo... O Ud. me indica cuál?”---.

A lo que EL CACHIMBÓN le respondió:

---“El palo de JOBO lo escoges tú, pero tiene que estar dentro de un potrero que sea de propiedad tuya”---.

Fue por eso que mi padre escogió el palo de JOBO secular, que se encuentra aquí, en el cruce de La Cruz de los Reyes, en el barranco que hace de cerro después de la quebrada camino a La Valdez. Y que muchos llaman el BARRIGÓN por su forma de barril, típico del palo de jobo.

Dicho y hecho.

Primera noche...

Martes Santo.

Y así fue que llegó el Martes Santo... mi padre estaba listo para la prueba... y, llegando la oscuridad, se subió al palo de JOBO, buscó la rama más fuerte y allí se acomodó a esperar pasar la primera noche... No sabía cuánto tiempo había pasado, cuando a golpe de tres de la mañana comienza a sentir que el palo temblaba y fuertes rumores de hojas que se mecían al viento, como si alguien saltara de rama en rama... él, con los ojos cerrados, se abrazaba a la rama, para encontrar coraje, pero del fuerte rumor se pasó a una bulla de voces, como si alguien se estuviera peleando... y abrió los ojos y se puso a observar de dónde venía toda esa confusión... y lo que vio fue una especie de niños cabezones, de piel verde, de orejas largas y cola de ratón, que se guindaban de rama en rama y trataban de hacerlo caer al suelo… Eran LOS DUENDES, que trataban de morderle las piernas y los brazos, desgarrar la camisa y lo mecían violentamente, para que se cayera de la rama... Mi padre, asustado, no sabía qué hacer y se abrazaba lo más fuerte posible a la rama, porque no quería caer. Fue así que, ya al extremo de sus fuerzas, se puso a tirarles patadas y puñetes, con todas las fuerzas que tenía dentro... no se sabe cuánto tiempo había pasado, cuando, desde las entrañas de la madrugada, se oyó desde lejos un CANTO DE GALLO, el primero, y como por encanto, los DUENDES comienzan a retirarse, moviendo violentamente las hojas del árbol.

Y la mañana se despertó con el canto de los demás gallos... fue así que mi padre Jacinto bajó del palo, agotado, bañado en sudor, y su cuerpo estaba todo arañado. Como si se hubiera caído en un matorral de espinas... se acomodó el cuerpo, con los pocos trapos que lo cubrían y se encaminó hacia su casa, donde lo esperaba mi santa madre, que se la había pasado rezando toda la noche por él, porque ella, siendo muy religiosa, no compartía las decisiones porfiadas de mi padre.

Mi padre trató de reposar para enfrentar la segunda noche del Miércoles Santo… se pasó todo el día tratando de dormir, con espasmos incontrolados del cuerpo que lo despertaban constantemente. Hasta que la oscuridad llegó.

Segunda noche...

Miércoles Santo.

Se subió al palo de JOBO rápidamente, pero esta vez se había llevado una soga para amarrarse a la rama, porque tenía miedo, visto el poco reposo, de que le faltaran las fuerzas para enfrentar la violencia de los Duendes… y, entre despertar y dormir, llegaron las tres de la madrugada... y, como si tuviera pegado un oído a la rama, siente que desde el interior del palo de jobo algo se movía, produciendo rápidas sacudidas al árbol, los violentos espasmos producían un gran trajín entre las hojas y las ramas... él cerró los ojos y se abrazó lo más fuerte posible al árbol, y sintió que algo lo tocaba, como si fueran hilos para amarrar raspadura, eran como hilos deshilados, que le producían al contacto con su piel una especie de escalofrío ---se atrevió a abrir los ojos--- y vio que lo que estaba tocándolo eran pelos blancos y largos que venían de una cara de mujer anciana, con nariz en forma de pico de perico, con orejas de chivo y un par de ojos blancos que parecían de vidrio, en la boca tenía dientes de jabalí... había varias, y estas mujeres saltaban como pájaros nocturno de rama en rama. Eran las Tuliviejas que comenzaron a chillar y berrear como animales, y que pasaron de tocarlo a tratar de hacerlo caer con violentos movimientos, y a arañarlo con sus largas uñas y picos en forma de perico... además, ellas no estaban solas, las acompañaban algunas lechuzas de pico azul fosforescente, que también ayudaban a las Tuliviejas golpeando y picando a mi pobre padre. El árbol se estremecía de lado a lado y la lucha se ponía cada vez más feroz y violenta.

Mi padre no se había caído gracias a que estaba amarrado, pero ya casi listo para rendirse, le vino una fuerza desde las entrañas y se puso a gritar grosería:

---“Viejas hijas de puta, mariconas, pendejas al servicio del Diablo, conchudas, malditas putas, cabronas de mierda”---.

Siguió gritando obscenidades, eso le daba alivio a las heridas que las Tuliviejas y las Lechuzas le procuraban... no se sabe cuánto tiempo pasó, hasta que un gallo cantó en el medio de la pelea, avisando el final de la madrugada y poco a poco las Tuliviejas se retiraron a la llegada de la luz de la mañana... Mi padre, herido y con las pocas fuerzas que le quedaban, se desamarró y bajó del palo de Jobo y se encaminó con mucha fatiga hasta la casa... Mi madre le curó las profundas heridas y, sin tocar comida alguna, Jacinto se durmió del agotamiento que tenía. Y mi madre rezó todo el día.

Tercera noche...

Jueves Santo.

Y llega el Jueves, el penúltimo día... Mi padre se presentó y se encaramó al palo, pero parecía que ya las dudas sobre si continuar la pelea o no lo importunaban..., pero subió y se amarró lo más fuerte posible a la rama y esperó que los aconteceres llegaran. Y así fue... Mi padre se había dormido, porque estaba muy cansado, pero lo despertó una violenta tormenta de lluvia y viento... de improviso la noche se puso más oscura de lo usual, no se lograba ver nada, la oscuridad era horrenda... y la lluvia venía disparada del violento vendaval con una energía inusual, era tal la fuerza del viento, que parecía que las raíces de árbol estaban por arrancarse de la tierra y la inclemente tempestad aumentaba cada vez más y más, siempre más fuerte... no se sabe cuánto tiempo pasó, cuando de repente el ventarrón y la lluvia cesaron de caer, un misterioso silencio invadió la noche.

Mi padre, desconfiando de este silencio, se abrazó fuertemente a la rama, esperando un cambio imprevisto... y comenzó a oír, a través del oído que estaba pegado a la rama, que algo se movía desde el buche del Jobo y que venía subiendo desde la parte inferior, este sonido venía acompañado de un fuerte hedor a agrio, como quien ha quemado azufre... el olor era tan intenso que quemaba los ojos, y no dejaba respirar. Y fue allí, en la quietud de la oscura noche, que mi padre sintió que delante de él había una extraña presencia, que no lograba ver, pero sentía a través de un zumbi'o de leña ardiendo y olfateaba por la tremenda hediondez que emanaba... de repente... abre los ojos y ve que delante de él está un hombre enorme, muy alto, que estaba en pie y completamente desnudo, era blanco, como larva de gusano, era como si fuera un enorme hombre albino, que se alumbraba con luz propia, como un bombillo... y repentinamente se incendió por los costados como una hoguera, iluminando el ramaje. Sus ojos se trasformaron en dos tizones ardientes y los cabellos, como trapos de guaricha encendidas, le dibujaban una especie de moño en forma de caballera ardiente…

El hombre se acerca a mi padre, que sudaba por todos los poros del cuerpo, y abriendo los brazos, como quien quiere abrazar a una persona, con voz de niño ñañeco y de marica en culecos tableños le pregunta:

---“¿Tú eres el hombre berraco que quiere hacer el Pacto con mi padre LUCIFER?”---.

Era el hijo del mismo Diablo... Mi padre, no se sabe cómo, se desamarró y se tiró al suelo y comenzó a correr con todas las fuerzas del mundo, sin mirar hacia atrás, tanto era el culillo que le había venido que no había matorral ni cerca de púas que lo detuvieran... dicen que nunca han visto correr tanto a un hombre como lo había hecho mi padre y desapareció en las tinieblas de la oscuridad.

Y fue así que, como a golpe de 9 de la mañana, mi madre, preocupada porque no veía regresar a mi padre, se fue a la casa de nuestro tío Pamplona, para que la acompañara a buscarlo... a las 12 del mediodía encontraron a mi padre, a 15 minutos de camino, bajando la quebrada... estaba tirado en la orilla, cubierto por un mantel de mariposas amarillas y anaranjadas, con pájaros que giraban en vuelos concéntricos sobre su cuerpo y que enloquecían al silbido de mi papá, que silbaba y silbaba sin moverse, tirado en el suelo, con una mirada ausente, como la de un demente retardado… de allí lo recogieron y se lo llevaron para la casa acompañados del trinar de los pájaros, del aleteo de las mariposas y de los rezos que mi madre, con lágrimas en silencio, pronunciaba.

Yo para ese entonces estudiaba en la Escuela Normal de Santiago, pero para las fiestas me quedaba en casa de mi tío Pamplona, porque por esos lares vivía una amorosa mía... así que ese día, viernes en la tarde, llegué con la intención de quedarme allí, porque tenía una cita nocturna con esa jovencita... fue allí que mi tío me puso al corriente de todo... Pero yo en aquel entonces no creía en nada de estas cosas de supersticiones y cuentos... así que le dije a mi tío que se dejara de pendejadas, de cuentos de duendes, brujas y diablos, y que yo llegaría a casa el sábado temprano, porque tenía que hacer cosas más importante que atender las locuras de mi padre e invenciones de mi madre... y así fue.

En tanto mi santa madre, preocupada por lo que había sucedido, comenzó a prepararse para esa noche de Viernes Santo y, siendo mujer conocedora de todos los secretos de nuestro pueblo, colocó a mi padre en su lecho y puso debajo de la cama, como a su alrededor, jaulas de birulí con los misteriosos pájaros manzanillos dentro. Y se retiró a rezar, con el escapulario protector del Cristo del Nazareno de Atalaya amarrado al cuello y la estampilla de Nuestra Señora Inmaculada.

Cuarta y última noche...

Viernes Santo...

Nunca se supo lo que pasó esa noche, pero, por lo que le diré ahora, podemos imaginarlo.

Yo llegué a La Cruz de los Reyes el sábado en la mañana, muy temprano y lo que encontré es algo horrible, además de indescriptible.

No existía mi casa, había desaparecido, en el lugar donde supuestamente tenía que estar había solo tierra quemada, como si hubiera pasado por ese lugar un violentísimo huracán tropical. Al centro de este asedio desarraigado se había formado una cuesta de tierra desnuda de lodo y fango, arriba de este cerrito la única señal de vida era el lecho de mi padre, con las jaulas debajo, con el mismo orden en que las había colocado mi madre; y él, mi padre, acostado en su cama, cubierto de mariposas amarillas y anaranjadas, silbaba fuertemente, con las jaulas alrededor que tenían dentro los pájaros manzanillos, que gorgoteaban como poseídos del delirio canoro.

El Diablo había venido el Viernes Santo como habían acordado para cerrar el PACTO de honor con mi padre y se llevó todos los bienes, aquellas riquezas que con duro trabajo y mucho sacrificio había sudado en toda su vida, sin dejarle nada en su poder.

Además, el Diablo incluyó en su botín de saqueo a mi madre, porque desde ese momento nunca logramos encontrarla. Porque cuando se hace un Pacto con LUCIFER no hay forma de deshacerse de la palabra dada.

A los días de esta desgracia, encontramos a nuestro perro, que para ese entonces era un cachorro, como único sobreviviente junto a mi padre Jacinto, el cual viendo la mala parada de la llegada de Lucifer había salido huyendo, poniendo "patitas pa' qué te quiero”, abandonando a mi padre... y por eso le pusimos el nombre de JUDAS. Pues, traicionó a su Señor al momento de la berraquera.

Y así terminó el relato...

Bueno, don Pino me mira y achurra los ojos, me pone su mano izquierda en mi hombro y con voz firme me dice:

---“Oiga mijo... ¿Ud tiene los COJONES bien puesto, como los hombres berracos?”---.

Un temblor me sacudió todo el cuerpo y rápidamente le contesté:

---“Déjese de vainas... ¿Cuáles cojones?.. ciruelas micoyas y sin rayas, solo traqueadoras, eso es lo que tengo”---.

Don Pino se levanta de su taburete y se encamina a la cerca que da a las afueras de su casa, siendo este la invitación a irnos, pero me espera... y, caminando lentamente junto a mí, me dice:

---“Si tú tienes necesidad de dinero o cualquier cosa, vente para acá, que la solución la encontramos”---.

Frente a las gentiles palabras de don Pino, pensé que estaba ante una persona verdaderamene amable y con la que se puede contar al momento de necesidades, pese a todas las cosas feas que en su vida ha pasado... pero le respondo:

---“Gracias don Pino, Ud. es muy amable, pero no necesito nada, además, le agradezco por haberme contado este cuento de Semana Santa”---.

Fue con las carcajadas de mi abuelo Samuel y de don Pino que terminamos la conversación y nos dirigimos a la carretera del Cruce para regresar a Santiago. Despidiéndome de don Pino, que me invitaba a que regresara cuando quisiera.

Ya lejos de La Cruz de Los Reyes, mi abuelo Samuel, que había mantenido un silencio meditativo, debido a los traguitos, me dice lo siguiente:

---“Hiciste bien en responderle que no necesitabas nada, porque muchas cosas que don Pino te ha dicho no son verdad”---.

Mi sorpresa fue enorme, no sabía a qué parte del cuento se refería, porque fue por voluntad de él mismo que fui a escuchar a don Pino, pero mi abuelo Samuel continúa:

---“Doña Amalia era una santa mujer, muy religiosa y nunca estuvo de acuerdo con las locuras del marido, por eso rezaba mucho y lo sigue defendiendo... y gracias a ella es que don Jacinto está vivo y sigue combatiendo contra el Demonio”---.

No comprendía lo que me decía mi abuelo Samuel, es así que le pregunto:

---“¿Entonces, a doña Amalia no se la llevó el Diablo, porque, siendo religiosa, la salvaron sus rezos?”---.

Y mi abuelo seriamente respondió:

---“Cuando se hace un pacto voluntario con el DIABLO no hay rezos que valgan... a ella se la llevó el Demonio, pero si observas bien, los fuertes vientos que se trasforman en remolinos en estos días de Semana Santa, es Amalia que regresa desde el Purgatorio a seguir la lucha contra el maligno y la fuerza de la pelea entre ellos es así tan dura que los remolinos destruyen todo lo que encuentran por delante, porque esta batalla todavía no ha terminado, gracias a esa santa señora, que, como gran madre, defendió su familia y no se dejó convencer de las fáciles palabras malditas de Lucifer”---.

Las palabras de mi abuelo me hacían estremecer desde dentro y no sabía si temer o continuar con la conversación o terminar todo aquí..., pero tratando de buscar una lógica a todo este cuento y no hacerme llevar por las supersticiones y poner orden cierto a mis pensamientos le pregunto:

---“¿Pero, abuelo, don Pino, el hijo, no ha hecho nada para resolver esta situación?”---

La respuesta fue inmediata:

---“Cállate, cállate y escucha lo que te diré... ¿te diste cuenta que don Pino no se acercaba a su padre, se mantenía a distancia? En mis tantas visitas que he hecho a su casa nunca ha tocado a su padre, como si los pájaros y las mariposas le hicieran una campana invisible y protectora, y que ninguno puede traspasar. El pobre Jacinto Cornejo continua su batalla contra la presencia del Demonio y sus aliados..., porque para mí el supuesto don Pino está poseído en cuerpo y alma por el mismo CACHIMBÓN en persona, que sigue buscando discípulos para Lucifer”---.

ARISTIDES UREÑA RAMOS

Florencia, 1977 / Publicado en 1983

- “Cuentos para niños grandes”.